Julián Arnáez: una vida marcada por la terrariofilia

Por Javier Magro
Fotografías: Julián Arnáez

Julián Arnáez pertenece a una generación de aficionados que comenzó prácticamente sola, aprendiendo de manera autodidacta y abriendo un camino que después seguirían muchos otros. Desde entonces, ha construido una extensa trayectoria marcada por la constancia y una dedicación absoluta a esta afición.

Su historia refleja una manera muy concreta de vivir la terrariofilia. Una terrariofilia sensata y alejada de cualquier estridencia. La de quienes entienden que esta afición implica responsabilidad y compromiso.

Su entrevista refleja el vínculo que puede llegar a existir entre una persona y los animales que mantiene, y cómo esta afición puede convertirse en refugio, en terapia y en una forma de seguir adelante, incluso en momentos difíciles.

En un momento en el que la terrariofilia atraviesa tiempos complejos y a menudo es observada desde el desconocimiento, conversaciones como esta ayudan a recordar que detrás de muchos terrarios existen historias profundamente humanas y aficionados que, con su manera de vivir esta pasión, han contribuido a dignificarla.

Julián Arnáez

Entrevista

¿Cuál fue el detonante de tu admiración por los reptiles?
Desde niño sentí una gran atracción por todo tipo de animales, aunque especialmente por los reptiles, como lagartijas, eslizones y culebras. Me llamaba mucho la atención su forma de desplazarse, su manera de alimentarse y la textura de su piel escamada, lo que despertó desde muy temprano mi interés y fascinación por ellos.

¿Cómo y cuándo descubriste la terrariofilia?
La descubrí a través de los libros, ya que en aquella época no existían redes sociales ni tenía acceso a ordenadores. Todo comenzó, aproximadamente, en el año 1990. Posteriormente, la revista Reptilia también fue clave, ya que, a través de sus artículos publicados a lo largo de sus 92 ediciones, profundicé aún más en este apasionante mundo de las escamas.

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¿Con qué especies te iniciaste?
La primera serpiente que tuve fue una serpiente de escalera (Zamenis scalaris), autóctona de La Rioja. Este ejemplar lo mantuve conmigo durante seis años y más tarde la reintroduje en la naturaleza. Gracias a esa especie aprendí el cuidado y mantenimiento correctos para las posteriores especies que llegaron a casa.

Sin embargo, no fue hasta 1994 cuando me inicié realmente en este mundo con una iguana verde, que conseguí comprar gracias a la ayuda de mi hermana. También llegaron una pitón real, una pareja de serpientes del maíz y una pareja de serpientes reales de California, las cuales conseguí criar en varias ocasiones.

Sus primeros pasos en la terrariofilia

¿Cómo eran tus primeros terrarios?
Mis primeras instalaciones fueron una cubeta de cristal con una tapa de metacrilato, en la cual mantuve mi primera serpiente de escalera. Gracias a un libro que aún conservo, diseñé y elaboré mi primer terrario, que actualmente sigue estando en uso 34 años después.

Estaba hecho de cristal, con esquineros de aluminio. La decoración era bastante simple, con un papel arrugado de maquetas de trenes en la parte posterior del terrario para que hiciese de fondo rocoso. Cuando empecé con nuevas especies también comenzaron los avances en la terrariofilia.

– ¿Qué opinaba entonces tu círculo cercano sobre tu afición por los reptiles?
Algunos pensaban que estaba loco. Otros me preguntaban qué vínculo podía tener con esos animales, debido a que no existía un trato tan afectivo como el que suele darse con los mamíferos.

En aquella época, ¿existían en La Rioja comercios especializados?
Solo había una tienda en la que vendían poca diversidad de especies, entre las que se encontraban Iguana iguana, Python regius, boa constrictor o Chamaeleo calyptratus. Respecto a materiales y terrarios, había muy poco y además era bastante caro.

Algunos de mis animales los compré en una tienda de Barcelona llamada Aqualand, que descubrí gracias a la revista Reptilia. A través de esta revista también encontré artículos donde aprendía sobre el mantenimiento y cuidado de los animales y sus correspondientes terrarios.

Sin embargo, uno de los problemas que tuve es que nunca he sido muy aficionado a la lectura, y eso suponía una dificultad añadida. Aunque, finalmente, no me quedó otra que leer para seguir formándome.

¿Cómo recuerdas los primeros años como terrariófilo?
Desde luego, tenía mucha más ilusión que conocimiento. Con el paso de los años, cometiendo errores y aprendiendo de ellos, ambos aspectos se unieron y me fui formando hasta convertirme en lo que soy hoy en día.

Julián Arnáez junto a su iguana durante un concurso de mascotas celebrado a mediados de los años noventa

– ¿Hay alguna anécdota que recuerdes con especial cariño de tus primeros años como aficionado?
En el año 1998 solía pasear a mi iguana en un parque de los alrededores de mi casa. Algún vecino alarmado llamó a la Policía Local de Logroño y, de repente, aparecieron tres patrullas diciéndome que no podía estar allí, ya que aquello suponía una alteración de la vía pública.

Ante eso, yo les contesté diciéndoles que a mí me daban miedo los perros y que estaban sueltos por todos los jardines. Después de lo sucedido, invité a una de las parejas de municipales a venir a mi casa para que vieran mis instalaciones y, para mi sorpresa, no sabían lo que era el convenio CITES.

¿En qué momento crees que diste un paso importante en el desarrollo de tu afición?
El punto de inflexión llegó cuando me trasladé a mi vivienda actual, hace unos 23 años, ya que contaba con más espacio. Dispongo de una habitación de 14 metros cuadrados y 3,6 metros de altura, lo que me permitió ampliar considerablemente mis instalaciones: diseñar un gran terrario para mi iguana, reorganizar los que ya tenía y seguir incorporando nuevos hasta completar toda la estancia.

¿Hubo alguna especie o experiencia que marcara un antes y un después en tu trayectoria?
Mi primera iguana, con la cual tuve un vínculo muy especial y conseguí que un animal con dichas características se convirtiese en un animal dócil a través de muchas horas de interacción.

Asimismo, también destacaría a mi suricata, con la que conseguí que se integrase como un miembro más de la manada: mi familia y el resto de animales mamíferos de casa, como el gato o el hurón.

Las iguanas verdes han ocupado un lugar muy especial en la trayectoria de Julián Arnáez desde sus primeros años como terrariófilo

¿Has abandonado en algún momento la terrariofilia?
Llevo alrededor de 36 años dedicado a esta pasión y nunca he llegado a abandonarla. Sí es cierto que he atravesado momentos difíciles, especialmente tras la pérdida de alguna especie con la que había convivido durante muchos años.

También ha habido circunstancias externas que han generado cierta frustración, como algunos cambios normativos en materia de protección animal. Aun así, mi compromiso y afición se han mantenido firmes a lo largo del tiempo.

¿Qué cambios has notado en la terrariofilia desde tus inicios hasta hoy?
He observado una gran evolución, impulsada principalmente por el acceso a una mayor cantidad de información, el desarrollo de las tecnologías y los avances en el mantenimiento de numerosas especies por parte de zoológicos, criadores y aficionados.

También han mejorado notablemente los conocimientos sobre la alimentación adecuada de cada especie, así como la aparición de empresas especializadas en la fabricación de terrarios, lo que ha contribuido a optimizar las condiciones de mantenimiento.

¿Qué especies has podido disfrutar durante más años?
He tenido la oportunidad de convivir durante largos periodos con varias especies: una pitón real durante 23 años, un estornino púrpura que lleva 25 años conmigo y aún sigue en casa, un loro yaco durante 17 años y un suricata, además de numerosas serpientes pertenecientes a unas 15 especies distintas.

Una de las serpientes más especiales en la trayectoria de Julián Arnáez, con la que convivió durante más de 20 años

¿Cómo ha sido tu relación con otros aficionados a lo largo de los años?
Gracias a esta pasión he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas, algunas de las cuales se han convertido en grandes amigos con el paso del tiempo.

Además, en ciertos casos he podido servir de referencia, ayudando y asesorando en aspectos como el cuidado, el mantenimiento y la decoración de terrarios.

¿Qué te ha aportado la terrariofilia a nivel personal?
Los animales han sido durante muchos años mi mejor medicina. Me han ayudado como terapia, han sido mi refugio cuando no atravesaba mis mejores momentos de salud y me han permitido seguir aprendiendo cada día algo nuevo.

Después de tantos años, ¿sigues viviendo esta afición con la misma ilusión?
Sí, sigo manteniendo la ilusión y la pasión por esta afición, aunque soy realista con la situación que me ha tocado vivir, ya que padezco la enfermedad de Parkinson.

Esto, en un primer momento, me llevó a plantearme la posibilidad de abandonar la terrariofilia, pero gracias al apoyo de mi familia, que me animó a continuar y me aseguró que estarían conmigo en todo momento, decidí esperar y ver cómo evolucionaba la situación.

Con el tiempo he sido consciente de que algunas tareas me resultan más difíciles y de que ya no tengo la misma destreza que antes. Aun así, sigo disfrutando de la afición con la misma ilusión y pasión.

Considero que, con las especies que mantengo actualmente y los más de 25 terrarios presentes en la habitación, tengo lo suficiente para seguir viviendo plenamente este mundo de la terrariofilia.

Pese a las adversidades, Julián sigue viviendo la terrariofilia con la misma ilusión

¿Qué consejo le darías a alguien que empieza ahora en el mundo de los terrarios?
Primeramente, formarse en este mundo, ya que es muy complejo y desde fuera puede parecer todo fácil.

Comenzaría con especies menos exigentes, que requieran cuidados sencillos y poco mantenimiento, para poco a poco ir avanzando. Es decir, empezar con terrarios básicos para después afrontar el reto de mantener especies más complejas y terrarios más naturalizados.

¿Qué vivencia relacionada con la terrariofilia recuerdas hoy con especial ilusión?
Recuerdo con especial ilusión los momentos en los que empecé a construir mis primeros terrarios desde cero, cuidando cada detalle hasta lograr una decoración única y personalizada mediante el uso de elementos naturales.

Julián cuida cada detalle en sus terrarios

También guardo con mucho cariño la expectación que sentía en mis primeros años al esperar la llegada de nuevos animales. Recuerdo incluso cómo, mientras trabajaba montando un rótulo en la Gran Vía de Logroño, fui a recoger mi pitón real, una vivencia que aún conservo muy presente.

Otro momento especialmente significativo fue la llegada de mi primera cría de serpiente, ya que supuso un gran reto sacarla adelante debido a la dificultad para conseguir roedores de pequeño tamaño en aquella época. Finalmente, conseguí que prosperara y conviví con ella durante 19 años, lo que convirtió esa experiencia en algo especialmente importante para mí.

Agradecimientos

Este artículo ha sido posible gracias al compromiso y la confianza de aficionados y profesionales que apoyan Terrario tecnia en Patreon. Mi agradecimiento sincero a Myriam Rodríguez, Celestino Clemente, Ferran Domenech, Ignacio Magro, Alberto VB, Funky Cool Prasinas, Harkito reptile, Habitat Herp, Terribilis.net y SO.HE.VA por hacerlo posible.