Albert Martínez Silvestre: referente europeo en medicina de reptiles y anfibios

Hablar de reptiles y anfibios en España es hablar, inevitablemente, de Albert Martínez Silvestre. Veterinario de formación y herpetólogo apasionado, lleva más de tres décadas combinando conservación y divulgación. Doctor en Veterinaria por la Universitat Autònoma de Barcelona, cuenta además con acreditaciones internacionales que lo sitúan entre los especialistas europeos de mayor prestigio.

Su nombre está estrechamente ligado al Centro de Recuperación de Anfibios y Reptiles de Cataluña (CRARC), que dirige desde sus inicios y que se ha convertido en un referente tanto en la recuperación de fauna como en el desarrollo de proyectos de conservación dentro y fuera de nuestras fronteras. También ha colaborado con entidades de primer nivel, como la Association of Reptilian and Amphibian Veterinarians (ARAV), la Turtle Conservancy o Le Village des Tortues, siempre con un objetivo claro: proteger la fauna herpetológica y sus hábitats.

Con más de 450 publicaciones científicas y 300 conferencias impartidas en Europa y Latinoamérica, Albert ha sabido tender puentes entre el rigor académico y la divulgación, logrando que un público cada vez más amplio se acerque a estos animales con respeto y curiosidad.

En Terrario tecnia queríamos conversar con él no solo como científico, sino como figura clave en la evolución de la herpetología y la terrariofilia en España. Esta es una conversación sobre ciencia, conservación, responsabilidad y futuro.

Albert Martínez durante un viaje a Galápagos

Entrevista 

¿Qué despertó tu interés por los reptiles y anfibios? ¿Tu pasión por ellos influyó en tu decisión de estudiar Veterinaria?

Mi pasión, desde que empecé a estudiar Veterinaria, siempre fue la fauna salvaje en general, y no los animales domésticos. Una vez en la facultad, fui socio fundador de una asociación que nos permitía realizar prácticas en centros de recuperación, llamada AVAFES.

Estaba en tercero de carrera cuando empecé a darme cuenta de que, cuando teníamos que inspeccionar reptiles, yo me volcaba especialmente en ellos, mientras que otros compañeros preferían las aves. De este modo comencé a especializarme, y me vinculé a centros y comercios que trabajaban con reptiles. Corría el año 1990.

Cuando comenzaste la carrera, ¿qué lugar ocupaban reptiles y anfibios en la formación veterinaria universitaria? ¿Se les daba alguna importancia?

No tenían ninguna relevancia. No se disponía ni de una asignatura de exóticos, que apareció mucho después.

Una vida al servicio de la herpetología

Has recorrido un largo camino hasta convertirte en uno de los veterinarios más reconocidos internacionalmente. ¿Qué momentos clave destacarías en esa trayectoria?

Cuando en 1997 fundé la empresa C.R.A.R.C junto a mi compañero Joaquín Soler, quien lleva la dirección técnica, y obtuvimos la concesión municipal para gestionar un centro de recuperación de fauna especializado. Ese momento fue determinante en mi vida profesional posterior.

También destacaría 2009, cuando varios profesionales de toda Europa nos reunimos para fundar el Colegio Europeo de Medicina de Zoos (ECZM). Apenas podía creer que estuviéramos creando una especialidad en herpetología dentro de la veterinaria. El día que lo vi impreso en el diploma, tuve que leerlo varias veces.

Dos años después, defendí mi tesis sobre los lagartos gigantes de las Islas Canarias (género Gallotia). Para mí, fue el reconocimiento a una larga trayectoria dedicada a la conservación de estas especies tan emblemáticas y amenazadas.

Tu carrera ha estado estrechamente ligada al CRARC. ¿Qué motivó su creación en 1992 y cómo ha evolucionado desde entonces?

En 1992 todo comenzó con la donación de un ciudadano que cedió su colección de peces y reptiles al Ayuntamiento de Masquefa. En aquel momento, el consistorio disponía de unas dependencias que sirvieron para alojar los acuarios y terrarios. Ese fue el embrión del proyecto.

Poco después, la Generalitat declaró oficialmente aquel enclave como “centro de recuperación de fauna”. A partir de entonces, comenzaron a llegar más animales: ejemplares heridos, intervenciones policiales, entre otros casos. El aumento progresivo del volumen de trabajo nos llevó a plantearnos la profesionalización de la iniciativa, algo que finalmente se materializó en 1997.

Primeros pasos del CRARC

Con más de 450 publicaciones científicas, ¿hay algún hallazgo que te haya sorprendido especialmente o un estudio que consideres fundamental por su impacto?

Hay varias enfermedades descritas en la fauna salvaje de la Península Ibérica de cuyas descripciones iniciales soy autor. Entre ellas, los primeros casos del hongo quitridio en Cataluña; los primeros casos del Picornavirus en tortugas en España; y, más recientemente, los primeros casos del hongo Ophidiomyces en serpientes en España, así como el primer herpesvirus tipo 5 en anfibios, también descrito en nuestro país.

También estoy especialmente satisfecho de haber detectado los primeros casos de hongo quitridio en anfibios introducidos en las Islas Mauricio.

Sin embargo, el artículo que más impacto ha tenido es uno de carácter técnico: el sistema de sexaje de tortugas jóvenes mediante endoscopia cloacal, con más de 10.000 visualizaciones en ResearchGate. De este trabajo me siento especialmente orgulloso por su utilidad práctica, ya que ha contribuido a la labor clínica de numerosos compañeros que trabajan con animales exóticos.

Realizando una endoscopia cloacal en una Caretta

Como miembro de la Asociación Herpetológica Española (AHE), ¿cuáles son, a tu juicio, los principales retos de la herpetología en España de cara a los próximos años?

Lograr un mayor reconocimiento de la herpetología, no solo a nivel internacional, sino también nacional, ya que aún se la considera una “afición menor” y a estos animales como de “segunda categoría” en muchos ámbitos, incluido el político y el científico.

Otro reto fundamental es hacer compatible la afición terrariófila con la conservación científica. Existen posiciones enfrentadas que me gustaría ver conciliadas en los próximos años.

Los reptiles y anfibios siguen siendo algunos de los animales menos estudiados y más incomprendidos. ¿A qué crees que se debe?

A la escasa simpatía que despiertan en buena parte de la población; a la connotación cultural y religiosa negativa que arrastran; al miedo y al desconocimiento; y, en último término, a la limitada inversión económica destinada a su investigación.

A lo largo de tu trayectoria has formado parte de numerosos proyectos, alcanzado éxitos y superado retos. Si tuvieras que elegir un momento que recuerdes con especial ilusión o que marcara un antes y un después en tu carrera, ¿cuál sería?

Especial ilusión: La primera vez que un lagarto de La Gomera (Gallotia bravoana) comenzó a criar. En aquel momento, la población mundial conocida estaba compuesta por cuatro machos y dos hembras, una de ellas enferma. Cuando conseguimos que nacieran los primeros ejemplares, vivimos un momento extraordinario: nos liberamos del estrés acumulado durante años de trabajo.

Un antes y un después: Cada vez que salgo a observar fauna salvaje, soy naturalista por vocación, con una lista personal de especies vistas en libertad, y contemplo, escondido, fauna en libertad, en cualquier parte del mundo, con sus crías y sus comportamientos; con su piel, sus plumas o su caparazón impregnados del olor de la hierba; alimentándose, disputando territorio con un vecino, respirando el rocío mientras el sol se pone ante sus propios ojos… En esos momentos recargo las baterías para seguir trabajando por la conservación de la fauna silvestre.

Cada viaje supone, para mí, un nuevo “antes y después”.

Clave en la conservación del género Gallotia

Conoces bien la terrariofilia: has sido responsable veterinario en ferias como Expoterraria, has impartido cursos y has publicado libros. ¿Hasta qué punto consideras que la terrariofilia ha contribuido a popularizar y desmitificar a estos animales?

La terrariofilia acerca los animales a las personas. No los hace inalcanzables e intocables.

 ¿Consideras que esta afición ha contribuido al desarrollo de la medicina veterinaria de reptiles y anfibios?

Sin duda, todos los planes de conservación ex situ de especies amenazadas se basan en estudios hechos en cautividad con otras especies menos amenazadas. Tener especies comunes en terrarios ha ayudado a no repetir errores básicos de mantenimiento en especies de las que tan solo quedan pocos individuos.

¿Consideras que la técnica, la infraestructura y la experiencia acumulada por la terrariofilia han sido útiles para proyectos de conservación ex situ de especies?

Sí, totalmente. Tanto en lo positivo, como ya he explicado en respuestas anteriores, como en lo negativo. Hay especies que no se adaptan a la cautividad, que modifican su comportamiento y en las que podemos generar endogamias indeseables, lo que provoca que sus futuras generaciones no sean viables para su reintroducción en la naturaleza.

Estos casos nos enseñan que la conservación ex situ no funciona en todos los escenarios y que nunca puede sustituir a la conservación in situ, sino únicamente complementarla.

Medio mundo recorrido tras la pista de reptiles y anfibios

A lo largo de la historia, reptiles y anfibios han sido exportados con fines alimenticios, biomédicos, de control de plagas y como mascotas, favoreciendo la dispersión de patógenos. Sin embargo, los animales de terrario suelen ser señalados como principales responsables. ¿Qué impacto real han tenido estos últimos en esa dispersión?

El tráfico de animales a escala global es una causa importante en la dispersión de patógenos. Los animales destinados a terrario son un ejemplo más de ello, pero no el único. También existe comercio vinculado a la alimentación, la ornamentación, la industria de la piel, entre otros ámbitos.

En un estudio que realizamos, demostramos que tanto en colecciones legales como ilegales se detectaban patógenos emergentes en anfibios. Los controles deben establecerse en múltiples niveles y no centrarse exclusivamente en la terrariofilia.

Sobre las listas positivas: en algunos países su implantación ha ido acompañada de un aumento de abandonos, como han reconocido incluso miembros de la coalición que las impulsa. Además, al ser medidas muy restrictivas, podrían favorecer el crecimiento del mercado ilegal de fauna. ¿Piensas que esta herramienta puede resultar realmente eficaz o sería necesario replantear su enfoque?

Soy defensor de las listas positivas, pero con una matización importante: listas positivas bien elaboradas. Si una lista positiva contempla todos los aspectos de forma rigurosa, científica, contrastada y respaldada por la evidencia, puede convertirse en una herramienta útil para evitar que problemas como la conservación de especies, las enfermedades emergentes o la posesión de especies peligrosas o venenosas sigan creciendo.Sin embargo, una lista positiva hecha desde la pasión animalista, a ciegas, no la veo útil, sino continuadora de una guerra inacabable entre polos opuestos.

¿Cuáles crees que son las asignaturas pendientes de la terrariofilia?

Asumir que no todos los herpetos del mundo pueden ni deben mantenerse en cautividad.

También ganar en humildad. La terrariofilia ha ayudado ciertamente a la conservación de especies en unos casos, pero, lamentablemente, en otros también ha favorecido su declive e incluso su extinción.

Agradecimientos

Este artículo ha sido posible gracias al compromiso y la confianza de aficionados y profesionales que apoyan a Terrario tecnia en Patreon. Mi agradecimiento sincero a Myriam Rodríguez, Celestino Clemente, Ferran Domenech, Ignacio Magro, Alberto VB, Harkito reptile, Habitat Herp y SO.HE.VA por hacerlo posible.