Python regius: el lienzo de la herpetocultura

Por Terrario tecnia

La pitón real (Python regius), conocida también como pitón bola, por su peculiar forma de enroscarse cuando se siente amenazada, ha sido una de las serpientes más emblemáticas de la herpetocultura moderna. Su elegante patrón natural, de fondo oscuro salpicado por manchas doradas o marrones, y la enorme variedad cromática, conseguida mediante décadas de cría selectiva, han sido claves en la popularidad de esta especie originaria del África occidental y central. A ello se suman su temperamento tranquilo, tamaño manejable y notable longevidad, que puede alcanzar entre 20 y 30 años en condiciones adecuadas.

Ejemplar nominal de la especie

Sus primeros pasos en cautividad

La presencia de esta singular pitón en colecciones herpetológicas fue durante mucho tiempo anecdótica. Existen registros de ejemplares en cautividad ya en los años sesenta, aunque no fue hasta finales de los setenta cuando un estudio publicado en “Herpetological Review” demostró que podía reproducirse con cierta facilidad, incluso en las precarias instalaciones de la época.

Durante los años ochenta, miles de ejemplares fueron exportados desde África hacia Estados Unidos y Europa, alimentando un mercado incipiente. Sin embargo, no fue hasta principios de los noventa cuando la especie se convirtió en un auténtico fenómeno global, gracias al descubrimiento y la reproducción de las primeras fases, conocidas popularmente como “morphs”.

De coloraciones inusuales a la ausencia de escamas

El gran detonante sucedió en 1989, cuando el reconocido herpetocultor estadounidense Bob Clark recibió un joven macho albino procedente de Ghana. Su contraste de blanco impecable y amarillo limón deslumbró a todos los que lo vieron. En 1990 eclosionaron las primeras crías heterocigóticas y, en 1992, las primeras albinas nacidas en cautividad. Para muchos, aquel suceso marcó el inicio de la fiebre de las fases. El valor de esos animales era tan alto que, en 1994, parte del grupo reproductor de Clark fue robado de sus instalaciones, un episodio que refleja la expectación sin precedentes que habían generado aquellas serpientes.

Pitón real albina

Tras el éxito de aquellos ejemplares carentes de melanina, llegaron otros hitos decisivos. Vida Preciosa International (VPI) dio a conocer los primeros ejemplares “Axanthic”, serpientes de tonos grises y negros desprovistas de amarillo. A finales de los noventa, David y Tracy Barker (VPI) presentaron también la fase “Clown”, descendiente de un ejemplar capturado en África, que exhibía un patrón limpio y reducido, con una característica “lágrima” bajo el ojo, detalle que inspiró su nombre.

Mientras tanto, las “Pastel”, que intensificaban los tonos amarillos y que fueron trabajadas al unísono por criadores como Greg Graziani y el equipo de New England Reptile Distributors (NERD), se convirtieron en una pieza clave para combinar con otras genéticas.

La fase “Spider”, adquirida inicialmente por Lindy Johnson, de Freedom Breeder, y popularizada en 1999 por Kevin McCurley (NERD), ofrecía un patrón único, similar al de una telaraña, que cautivó a los herpetocultores de todo el mundo. Aunque también trajo consigo cierta polémica por estar asociada a temblores en la cabeza (“wobble”).

Y, por supuesto, la singular “Pied” (documentada desde los años sesenta, pero que saltó a la palestra en 1997 gracias a Peter Kahl) lucía amplias manchas blancas que parecían esculpidas a mano sobre el cuerpo de la serpiente.

Estos patrones y colores, inusuales en la especie, fueron alimentando la vorágine de las fases y criadores estadounidenses y europeos competían por ser los primeros en crear nuevas rarezas, mientras los precios alcanzaban cifras astronómicas, impensables hasta entonces.

Ejemplar «Spider»

Con la llegada del año 2000, la carrera genética se aceleró. Dan y Colette Sutherland (TSK) introdujeron al mercado ejemplares “Mojave”, que en homocigosis dieron lugar a los primeros “Super Mojave”, pitones de un blanco puro y ojos azulados. Ralph Davis y Mark Bell hicieron lo propio con “Lesser” y “Butter”, cuyas “super” formas ampliaron la variedad de leucísticos.

“Banana”, descubierta por Will Slough y popularizada por McCurley en 2003, añadió un giro espectacular con su mezcla de amarillos y púrpuras. En paralelo, las combinaciones de “Pied” y “Albino” dieron lugar a ejemplares deslumbrantes como el “Albino Pied”, que consolidaron la idea de que el futuro de la especie estaba en la combinación de fases.

Pitón real «Pied»

La década de 2010 trajo consigo nuevas rarezas. “Sunset”, conseguida en 2012 por Brian Barczyk (BHB Reptiles), aportó tonos rojizos intensos. “Monsoon”, presentada en 2013 por Dave Green, sorprendió con un patrón simétrico y caótico nunca antes visto. Y cuando parecía que ya nada podía superar los anteriores hitos, BHB Reptiles, una vez más, volvió a asombrar al mundo consiguiendo el primer ejemplar sin escamas de la especie. Un acontecimiento que, para algunos, supuso la culminación de décadas de trabajo y experimentación y, para otros, una frontera ética que no debería haberse cruzado.

En apenas tres décadas, la pitón real pasó de ser una serpiente tímida de las sabanas africanas a convertirse en el epicentro de la herpetocultura moderna. “Albino”, “Pied”, “Banana”, “Sunset” o scaleless, cada una de estas fases cuentan una parte de esta historia, marcada por la pasión, la paciencia y la visión de criadores que transformaron un animal salvaje en un lienzo viviente.

Diferentes fases expuestas en Expoterraria 2016

Hoy resulta imposible conocer con exactitud cuántas fases han sido producidas a lo largo de todos estos años: las combinaciones genéticas parecen infinitas, y cada temporada surgen nuevas expresiones del mismo sueño. Es cierto que esta fiebre por la variación cromática monopolizó durante décadas la herpetocultura mundial, robando el foco a otras espcies y aspectos relevantes de la afición. Sin embargo, también es innegable que ese entusiasmo masivo amplió las bases de la herpetocultura y consolidó la cría en cautividad como la principal fuente de ejemplares, relegando las importaciones del medio natural a un papel secundario.

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