Por Javier Magro
La desinformación se ha convertido en una herramienta demasiado habitual en los tiempos que corren. Pero lo verdaderamente preocupante es cuando se utiliza con intención y se manipula la verdad para moldear la opinión pública y atacar, entre otras, a actividades que son legales, reguladas y sostenibles.
En los últimos días, la entidad de protección animal APP Primadomus ha difundido en sus redes un vídeo cargado de afirmaciones falsas sobre la terrariofilia, insinuando que esta afición se alimenta del tráfico ilegal de fauna exótica. Una acusación tan grave como injusta. No es la primera vez que lo hacen, y, lamentablemente, todo indica que tampoco será la última.
Estos mensajes sensacionalistas no son casuales ni inocentes. Están diseñados para generar escándalo, provocar indignación y sembrar miedo. Y lo hacen con un propósito muy concreto: construir un relato que justifique sus propios intereses. No es casualidad que esta organización lleve años presionando para implantar en España, también en Europa, los llamados “listados positivos”, una medida que restringiría severamente la cría y tenencia responsable de reptiles y anfibios. Para sostener su discurso, necesitan convertir a la terrariofilia en un enemigo y para lograrlo, tergiversan la realidad.
Desde Terrario tecnia siempre hemos tratado el tráfico ilícito de fauna con el rigor que merece, basándonos en fuentes verificables y contrastadas. Sabemos que es un problema real, una amenaza tanto para la conservación de las especies como para la propia afición. Pero una cosa es denunciar con conocimiento y otra muy distinta manipular con intención. La terrariofilia no se alimenta del mercado negro: las especies que la protagonizan proceden de programas de cría en cautividad y de un comercio responsable y regulado.
La desinformación, en cambio, lo ensucia todo. Extiende la sospecha sobre todos, sin distinguir entre quienes actúan con ética y quienes no. Cada publicación que difunde bulos o datos descontextualizados no solo daña la imagen de los aficionados responsables: también pone en riesgo a un sector que genera miles de empleos y que, con esfuerzo y conocimiento, contribuye activamente a mejorar la imagen de una fauna impopular. Demonizar a toda una comunidad por razones ideológicas no es activismo es una falta de respeto.
Los vídeos y publicaciones de APP Primadomus siguen siempre el mismo patrón. Apelan a la emoción antes que a la razón, usan imágenes impactantes fuera de contexto y jamás citan una sola fuente contrastada. Es un formato diseñado para las redes, sí, pero tremendamente peligroso para la verdad. De hecho, los organismos que combaten la desinformación (desde los medios de verificación hasta las instituciones académicas) identifican precisamente estos recursos como propios de los bulos.
La terrariofilia, como cualquier otra afición relacionada con los animales, tiene sus retos y responsabilidades. Pero merece ser analizada con rigor, no con prejuicios. Quienes amamos y cuidamos de reptiles y anfibios en cautividad también formamos parte de la solución y no deberíamos permitir que el debate público se contamine con falsedades disfrazadas de activismo.









