El pasado sábado 28 de marzo, el recinto de Talavera Ferial, en Talavera de la Reina (Toledo), volvió a convertirse en punto de encuentro de la terrariofilia española con la celebración de la 71ª edición de Expoterraria. Más de 3.000 visitantes pasaron por la feria a lo largo de la jornada, en una edición que, más allá de los números, dejó muy buenas sensaciones tanto en la organización como entre los expositores.
La elección de Talavera de la Reina como sede forma parte de una nueva etapa para la feria, tras años en ciudades como Madrid o Barcelona, donde las dificultades administrativas terminaron por hacer inviable su continuidad. Lejos de diluirse, Expoterraria ha sabido adaptarse y encontrar su lugar en este nuevo escenario. Y lo ha hecho de la mejor manera posible, consolidando una tendencia al alza que en esta edición se ha hecho especialmente evidente.
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A lo largo del día se vivieron momentos de gran afluencia, con pasillos llenos que, según muchos de los presentes, recordaban a las primeras ediciones del evento. Pero lo realmente destacable fue el ambiente, con aficionados, profesionales y nuevos interesados compartiendo espacio e intercambiando impresiones. Una dinámica que pone en valor el esfuerzo constante de la organización por mantener viva la feria.
Con cerca de 60 expositores, la oferta fue amplia. Comercios especializados, criadores, fabricantes de terrarios, marcas de equipamiento, o proveedores de alimento vivo dibujaban una fotografía bastante fiel del sector. Más allá del número, destacaba el nivel, con stands cuidados y una clara implicación por parte de los profesionales, reflejo del trabajo constante que desde hace años define a la terrariofilia española.
En lo que respecta a los animales, la variedad fue notable. Más allá de las especies habituales en la afición, esta edición permitió ver animales menos comunes en este tipo de eventos, lo que siempre aporta un valor añadido. Entre ellos destacaron Egernia depressa y Egernia stokesii, Corucia zebrata, así como ejemplares de Corallus caninus y Corallus batesii. También hubo una interesante representación de varanos, con especies como Varanus prasinus, Varanus macraei, Varanus beccarii, Varanus gilleni o Varanus acanthurus, además de quelonios como Astrochelys radiata o Geoemyda spengleri. Una oferta que, sin perder de vista a quien empieza, también supo atraer a aficionados más avanzados.

Pero Expoterraria no es solo una feria de compraventa. Es, cada vez más, un espacio donde aprender. Los talleres y ponencias volvieron a tener un papel protagonista y una gran acogida. Desde actividades centradas en invertebrados hasta propuestas educativas para los más pequeños, pasando por el montaje de terrarios tropicales o charlas sobre el mantenimiento de especies protagonistas de la terrariofilia. El interés por este tipo de contenidos, con aforos completos, deja claro que la afición no solo quiere tener animales, sino también entenderlos y cuidarlos de la mejor manera posible.
El público fue diverso, con aficionados nóveles, veteranos y familias, perfiles distintos que compartían su pasión por reptiles, anfibios y artrópodos. Para muchos, además, la feria fue también un reencuentro con una forma de vivir la terrariofilia que en los últimos años había quedado en segundo plano.
Esta edición deja también una lectura de fondo. Tras un periodo marcado por cambios legislativos y cierta incertidumbre, Expoterraria ha conseguido recuperar el pulso. Y eso no ocurre por casualidad. Detrás hay un trabajo constante, decisiones difíciles y una clara voluntad de seguir adelante.

En ese sentido, el papel de la organización merece reconocimiento. Mantener un evento de estas características, adaptarlo a una realidad cambiante y conseguir que siga siendo atractivo para la afición es, sencillamente, un trabajo excepcional. Un esfuerzo que muchas veces pasa desapercibido, pero que resulta fundamental para que todo esto ocurra.
Porque Expoterraria no es una feria al uso. Es un punto de encuentro, un lugar donde compartir conocimiento, contrastar experiencias y seguir construyendo comunidad. Es, en muchos sentidos, uno de los espacios que mantiene viva la terrariofilia en España.
Y en esa labor, nombres como el de Daniel Valiño, responsable del evento, o Xevi Moré, sin duda su cara más visible, ayudan a entender por qué la feria sigue adelante. No solo por lo que hacen durante un fin de semana, sino por el trabajo que hay detrás durante todo el año.

La sensación final que deja esta 71ª edición es clara: ilusión. Ilusión por volver a encontrarse, por seguir aprendiendo y por continuar avanzando. Porque, pese a todo, la terrariofilia sigue levantando pasiones y eventos como Expoterraria se encargan de recordarlo.
Agradecimientos
Este artículo ha sido posible gracias al compromiso y la confianza de aficionados y profesionales que apoyan Terrario tecnia en Patreon. Mi agradecimiento sincero a Myriam Rodríguez, Celestino Clemente, Ferran Domenech, Ignacio Magro, Alberto VB, Harkito reptile, Habitat Herp, Terribilis.net y SO.HE.VA por hacerlo posible.










