Por Terrario tecnia

Años atrás, entrar en un comercio especializado en España significaba encontrarse con una fauna que hoy comienza a ser cada vez menos habitual. Geckos diurnos, camaleones, ranas tropicales, iguanas, boas, pitones o tortugas terrestres formaron durante décadas parte del paisaje de muchos establecimientos especializados. Sin embargo, basta con observar actualmente los terrarios de buena parte del sector para comprobar que algo ha cambiado. Los nuevos protagonistas son, cada vez con mayor frecuencia, especies que no están incluidas en CITES, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres.

Detrás de esta transformación existe una combinación de factores legislativos, administrativos y comerciales que han obligado a los profesionales a replantear su oferta. El mercado, en buena medida, parece haberse anticipado a un futuro escenario en el que estas especies, por estar sujetas a tratados internacionales, podrían encontrar mayores dificultades para formar parte del comercio de animales de compañía.

Uno de los elementos que más ha condicionado este cambio es la Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales. Su disposición transitoria segunda establece la prohibición de la tenencia de determinadas especies. Entre ellas se encuentran todas aquellas que, en estado adulto, superen los dos kilogramos de peso, con la excepción de los quelonios, y muchas de ellas están presentes en los anexos de CITES.

Los geckos diurnos del género Phelsuma, incluidos en CITES, son cada vez menos frecuentes en los comercios especializados españoles

La consecuencia para el sector es evidente. Muchas especies que tradicionalmente estuvieron asociadas a la terrariofilia quedaron, desde la entrada en vigor de la norma, en una situación especialmente delicada. Y aunque la tramitación de los futuros listados positivos todavía está en el aire, el mercado no parece dispuesto a esperar a última hora para reaccionar.

Pero la Ley de Bienestar Animal no es el único factor que explica esta evolución. Ya en 2018 entró en vigor el Real Decreto 7/2018, una norma destinada a establecer los requisitos de documentación, tenencia y marcado de las especies amenazadas incluidas en el convenio CITES. Su objetivo es acreditar el origen legal de los ejemplares y asegurar la legalidad de las transacciones que impliquen un cambio de titularidad.

La norma establece diferentes medios para demostrar la procedencia legal de los animales y contempla requisitos específicos de documentación, trazabilidad y marcado. Todo ello ha supuesto un cambio profundo en la forma de comercializar determinadas especies.

Esta mayor exigencia documental ha reducido el atractivo comercial de determinadas especies frente a otras menos reguladas y también ha obligado a dar un paso al frente a una parte del sector que, durante demasiado tiempo, ha tenido que convivir con la sospecha recurrente de amparar el comercio ilegal de fauna.

Especies de Nueva Caledonia, como Correlophus ciliatus, hoy ganan protagonismo frente a otras incluidas en CITES

La transformación que estamos observando en los comercios especializados tiene una doble lectura. Por un lado, representa la pérdida de protagonismo de algunas de las especies que durante décadas fueron emblemas de la terrariofilia. Por otro, evidencia la capacidad de adaptación de un sector que ha tenido que modificar su oferta para desenvolverse dentro de un marco normativo cada vez más restrictivo.

La legislación ha elevado el nivel de exigencia, los profesionales han tenido que responder a ella y los pocos ejemplar cites que aun perduran y que se encuentran correctamente identificados, documentados y trazables constituyen, en sí mismo, una prueba de que una parte importante del sector ha decidido avanzar en una dirección muy clara: la profesionalización, la transparencia y el cumplimiento de la normativa.