Por Javier Magro
La terrariofilia española está llena de aficionados fugaces que llegan ilusionados y poco después desaparecen, pero también hay nombres que se explican a través de una amplia trayectoria y una evolución personal con décadas de historia. Xavier Inés es uno de ellos.
Su aventura terrariófila comenzó hace más de tres décadas y hoy, sin haber perdido un ápice de ilusión, representa la resistencia de un colectivo que se niega, pese a las adversidades, a dar por perdida su afición. Xavier es el reflejo del aficionado de raza y la figura de un referente que cuando muchos prefirieron dar un paso al lado, decidió dar la cara.

La era de la intuición
El origen de Xavi es también el de toda una generación. El recorrido casi inevitable de un niño fascinado por los dinosaurios que al cruzar la puerta de la tienda de animales de su barrio, descubrió criaturas que parecían sacadas de otro tiempo. Aquellas iguanas y camaleones fueron el detonante de una pasión que ya no lo abandonaría.
En 1990, con las 10.000 pesetas que recibió por su comunión, adquirió su primera Iguana iguana, a la que llamó “Juancho”, junto a un terrario que costó cinco veces más que el propio animal.
«Era un terrario horizontal, con un fluorescente sin UVB, césped artificial y un cable calefactor… todo fatal, vaya», recuerda Xavi con honestidad. En aquel entonces, la terrariofilia era una afición casi mística, donde la información no estaba a un solo clic, sino que se lograba a base de observación y, desgraciadamente, de errores. Sin embargo, esa precariedad agudizó el ingenio de muchos. Xavi pertenece a la escuela que ideaba incubadoras con acuarios y calentadores de agua, «así nació mi primer gecko», recuerda.
Era una época en la que la genética era un concepto lejano y las sorpresas llegaban en forma de puestas inesperadas de ejemplares recién llegados de origen. Esa liturgia de la paciencia obligaba a los aficionados a observar más y correr menos, un pilar que hoy parece haberse desdibujado en una afición que, en demasiadas ocasiones, busca notoriedad y resultados inmediatos.

La llegada de Rocky
La afición de Xavi creció “de iguana a iguana” hasta que, diez años después, el encuentro con Joaquín, propietario de la mítica tienda Aqualand, lo cambió todo. Aqualand no era solo el comercio que le abrió las puertas a una afición más sólida; era un referente de una Barcelona que entonces se erguía como el núcleo terrariófilo más potente del país, alimentada por las páginas de la revista Reptilia y el nacimiento de las primeras Expoterraria.
Aquellas ferias de dos días eran el punto de encuentro donde el hobby empezó a socializar y donde Xavi cumplió otro de sus sueños: hacerse con una Cyclura cornuta.
Rocky entró en su vida en una de esas ferias. No fue una compra compulsiva, sino un animal deseado tras años de espera, que con el paso del tiempo le enseñó a entender una especie como no habría sido posible de otra manera. No buscaba una “amistad” imposible entre especies distintas, sino forjar un vínculo basado en el respeto profundo y el aprendizaje. Ese conocimiento íntimo fue el que le permitió alcanzar, años después, hitos como la cría en cautividad de Cyclura nubila, un hecho fuera de lo común al margen de instituciones zoológicas.

El sueño de Prehistorics
En 2015, junto a Sergio Padilla, Xavi decidió volcar toda su ilusión en Prehistorics, un comercio especializado a las afueras de Barcelona. Fue una apuesta valiente por dignificar la profesión, un espacio donde el aficionado encontraba no solo animales, sino el consejo de quien los conoce de verdad.
Sin embargo, se topó con la falta de apoyo de un sector que, a menudo, no sabe proteger sus propias iniciativas. La terrariofilia española, por desgracia, no tiene como fortaleza el respaldo a los proyectos de sus propios aficionados. El cierre de Prehistorics fue doloroso, un sueño que no salió bien, pero no logró frenarlo. «El bichero siempre lo es», sostiene Xavi.
Esa resiliencia es la que lo ha llevado a ser una de las pocas voces que no se ha escondido ante las recientes presiones legislativas. Mientras otros daban un paso al lado por miedo a la exposición, Xavi ha llevado el mensaje #ExoticosPeroFamiliares a la radio y la televisión, defendiendo que nuestras mascotas son tan válidas como un perro o un gato.
Como socio de SO.HE.VA y de Responsible Reptile Keeping (RRK), dos organizaciones sin ánimo de lucro que luchan por salvaguardar nuestros intereses con más voluntad que recursos, Xavi es claro sobre nuestro futuro: «La pena de esta afición es que estamos a nuestro rollo y es muy importante ser un colectivo unido y visible».

Conclusión
La historia de Xavier Inés es, en el fondo, la historia de una forma de entender la terrariofilia: una afición que solo cobra sentido cuando se vive con ilusión, constancia y compromiso. En un mundo donde todo parece medirse en inmediatez y visibilidad, Xavi nos recuerda que el éxito verdadero se construye año a año, no en visualizaciones.
Su trayectoria nos invita a mirar atrás para valorar de dónde venimos y, al mismo tiempo, a comprender que solo desde la unión podremos sostener el futuro de nuestra afición. Treinta años después, sigue defendiendo su pasión con la misma convicción de aquel niño de 1990 que cruzó la puerta de una tienda de animales y descubrió que ese sería su camino.
Agradecimientos
Este artículo ha sido posible gracias al compromiso y la confianza de aficionados y profesionales que apoyan a Terrario tecnia en Patreon. Mi agradecimiento sincero a Myriam Rodríguez, Celestino Clemente, Ferran Domenech, Ignacio Magro, Alberto VB, Harkito reptile, Habitat Herp y SO.HE.VA por hacerlo posible.









