«The vivarium», la revista que impulsó la herpetocultura

Por Philippe de Vosjoli / imágenes; RH Journal

En 1987, la “American Federation of Herpetoculturists” (AFH) publicó “The Vivarium”, la primera revista a color con distribución internacional dedicada al cuidado y a la cría en cautividad de anfibios y reptiles. Durante gran parte de los años 90, “The Vivarium” se podía encontrar en las principales librerías y tiendas de mascotas de Estados Unidos, junto a revistas de peces tropicales, dando a los anfibios y reptiles una exposición pública sin precedentes. La revista abordaba una amplia variedad de temas, desde cuidados hasta el diseño de terrarios, pasando por cuestiones legislativas y temas filosóficos relacionados con la interacción entre humanos y herpetos. Cambios en la sociedad, la cultura y el propio hobby llevaron finalmente al cierre de la AFH y al fin de “The Vivarium”. A continuación, presentaré brevemente algo de su historia.

Contexto e influencias

La herpetocultura moderna estadounidense emergió en los años 80. Durante aquel período, una gran variedad de especies estuvieron al alcance de aficionados particulares tras haber sido importadas a EE.UU. Herpetos australianos se ofrecieron en pequeñas cantidades a través de distribuidores europeos y estadounidenses, y gracias al trabajo del pionero herpetocultor Ernie Wagner, (extrabajador del “Woodland Park Zoo” de Seattle) ranas cornudas argentinas (Ceratophrys cornuta), ranas tomate malgaches (Dyscophus guineti) y posteriormente ranas toro africanas (Pyxicephalus adspersus) estuvieron también disponibles. En esa época, colúbridos de Estados Unidos y Méjico también empezaron a criarse en buenos números gracias a innovadores criadores como Bob Applegate, Gary Sipperly y Frank Retes, y las primeras fases de serpientes del maíz y culebras reales comenzaron a producirse.

Bob Mailloux, con quien me asocié en 1986 tras mi llegada a California, también fue uno de los grandes protagonistas de aquel movimiento al introducir y establecer la cría comercial (a gran escala) de varias especies que hoy son populares en la herpetocultura mundial, como dragones barbudos (Pogona vitticeps) y ranas arborícolas australianas (Litoria caerulea), y gracias al novedoso diseño de sus invernaderos ajardinados logró también la cría en cautividad de muchos otras especies.

Ese período tan dinámico en la historia de la herpetocultura sirvió de trasfondo para la creación de una organización herpetológica americana y de una revista. Otro punto de inflexión en el nacimiento de “The Vivarium” fueron los encuentros de los principales criadores de reptiles de California en la sede de la Sociedad Herpetológica de San Diego (SDHS). Allí hice muchas amistades que han perdurado hasta hoy. Sin ellas, “The Vivarium” jamás habría sucedido.

Primer número de The Vivarium

La decisión de lanzar una revista llamada “The Vivarium” se tomó en el salón de Bob Mailloux, en su casa en Redondo Beach (California), tras cenar en un pequeño restaurante mejicano que servía el mejor mole de pollo que he probado. En aquella estancia, tomando unas cervezas, hablamos de cómo los logros del sector privado no eran reconocidos ni difundidos, de las crecientes propuestas legislativas que podían restringir la tenencia de reptiles y de la necesidad de educar al público sobre la forma correcta de alojar y alimentar a reptiles y anfibios. Mencioné la “American Federation of Aviculture”, que representaba a los propietarios y criadores de aves, como un modelo a seguir. Propuse a Bob que deberíamos emularlos, y así adoptamos las palabras “American Federation” para representarnos.

El fallecido Thomas Huff, fundador de la “Reptile Breeding Foundation” en Ontario, Canadá, fue otro de los pioneros que, sin saberlo, desempeñó un papel fundamental en el surgimiento de “The Vivarium”. Su fundación había publicado, a principios de 1987, el primer boletín que describía la cría de reptiles y anfibios utilizando la palabra “herpetocultura”. Desde un punto de vista histórico, Thomas Huff fue responsable de acuñar aquel término y la revista “The Vivarium” fue, a posteriori, la responsable de popularizarlo.

Tras nuestra charla, y tras recordar ambos a Huff, le dije a Bob que teníamos que formar una organización para representar los logros e intereses del sector privado, la” American Federation of Herpetoculturists” que además publicase una revista; “llamémosla The Vivarium”, sugerí. Y así fue como aquella noche, en la sala de estar de Bob, nacieron la AFH, “The Vivarium” y la idea de crear un comité de acciones legislativas.

El comienzo

En la siguiente reunión de la Sociedad Herpetológica de San Diego, expuse nuestras conclusiones e ideas al grupo, las apoyaron y de esta manera se convirtieron en el equipo fundador de la AFH y “The Vivarium”. Como dice el refrán, “se necesita un pueblo para críar a un niño” y en nuestro caso, el pueblo estaba compuesto por Dennis St. John, Vince Scheidt, Jeff Nunan, Dorothy De Lisle, Russ Gurley, Al y Pam Telles, Mark y Linda Clarke, Howard Jaecks y otros, que también apoyaron el proyecto con entusiasmo y dedicación; alimentados por pizzas, refrescos y cervezas, por supuesto.

Al Telles, con experiencia en publicaciones, se encargó de la primera edición, la segunda corrió a cargo de Russ Gurley que asumió el papel de Director de Arte. La financiación fue un factor crítico. Diseñamos un plan de negocio básico que incluía nuestras metas y una suscripción de membresía. Imprimimos algo de publicidad y presentamos nuestros proyectos en reuniones y conferencias. El momento era propicio, y recibimos el apoyo de la comunidad herpetológica y de algunos anunciantes, como Zoomed, lo que nos permitió publicar el primer número.

Inicialmente, la AFH y la revista “The Vivarium” fueron gestionadas por un equipo de voluntarios que trabajábamos por las noches y los fines de semana. Sin embargo, tras dos años de actividad, la carga de trabajo que conllevaba la distribución, correspondencia, envíos, edición, diseño, contabilidad y promoción comenzó a afectar seriamente nuestras vidas. Fue entonces necesario reorganizarse, alquilar una oficina y contratar un equipo básico para asegurar la continuidad de la revista, que se publicó exitosamente durante casi una década, hasta 1998.

El cierre de «The Vivarium«

A finales del siglo XX, una combinación de factores afectaron negativamente a la continuidad de nuestra revista. Cambios en la industria de mascotas, especialmente el dominio de cadenas como Petco y PetSmart, y la competencia desleal de editoriales más grandes nos sentenciaron, así como el auge de Internet y el declive de librerías y tiendas de mascotas independientes.

En 2000, mi esposa y yo, quienes dirigíamos la revista como parte de nuestra editorial, nos vimos obligados a cerrar. Para evitar pérdidas financieras a los suscriptores, llegamos a un acuerdo con Bowtie Press para transferir las suscripciones a Reptiles Magazine, revista que sigue publicándose en el presente.

Aunque el fin de “The Vivarium” fue un alivio, tras trece años de esfuerzo incesante, también dejó un sentimiento de fracaso. Sin embargo, mirando hacia atrás, considero que hicimos historia. Cierto es que hoy muchos de los desafíos de entonces persisten, y nuevos problemas amenazan el futuro de la herpetocultura. Por ello, es indispensable que continuemos aunando esfuerzos para corregir errores, educar, evolucionar y establecer estándares que permitan a la humanidad seguir enriqueciéndose con la interacción con anfibios y reptiles, en un contexto de desinterés por la naturaleza y de pérdida de biodiversidad. Mi esperanza está en proyectos como Responsible Herpetoculture Fundation, que podrían marcar el rumbo hacia un futuro mejor.

Artículo cedido por Responsible Herpetocultural Fundation.