Por Javier Magro / Imágenes; Iris Domínguez
Las vocaciones no se buscan, simplemente se descubren. En la vida de Iris Domínguez, ese hallazgo llegó muy pronto: tenía seis años cuando una familiar, viendo su fascinación por los animales, le explicó que existían médicos para ellos. Aquella idea, tan simple y tan poderosa, se le quedó grabada. Desde entonces, todo lo que hizo apuntó en una misma dirección. Lo que quizá nadie sospechaba entonces es que, años más tarde, se convertiría en una de las voces más inspiradoras de la medicina veterinaria de animales exóticos en España.
Su historia con los reptiles comenzó en la adolescencia, cuando rescató una iguana joven y enferma. Improvisó un terrario con un acuario abandonado y, a escondidas de sus padres, empezó a aprender sobre sus cuidados. Poco después llegó su primera serpiente del maíz, que la acompañó durante 17 años, y con ella el compromiso definitivo con un mundo que, aunque exigente, nunca ha dejado de fascinarla.
Convertirse en veterinaria de exóticos no fue un camino sencillo. La especialidad apenas tenía presencia en su universidad, y gran parte de su formación dependió de su iniciativa personal: asistir a todas las charlas posibles, buscar libros, realizar prácticas y, más tarde, sumar un máster, congresos y una formación continua que no se detiene.
El inicio de su trayectoria profesional fue en una pequeña clínica de perros y gatos en su ciudad natal, Madrid, donde aprovechó cualquier oportunidad para atender animales exóticos, al principio de forma esporádica y con recursos limitados. Con los años, dio el salto a un hospital 24 horas, dedicado exclusivamente a fauna exótica, trabajando por primera vez codo con codo con otros especialistas. Allí su experiencia se multiplicó en muy poco tiempo. Finalmente, asumió la dirección del servicio de exóticos en un hospital de referencia, cargo que mantiene hoy y que le permite disfrutar plenamente de su día a día, dedicándose a lo que más le apasiona y afrontando el futuro con la tranquilidad de saber que está en el lugar donde quiere estar.

Iris habla de sus pacientes con la misma cercanía y pasión con la que comparte su día a día en redes sociales. Sus seguidores, veterinarios y no veterinarios, la ven tratar con éxito casos sorprendentes: desde una boa que había ingerido un empapador entero hasta una tortuga que sobrevivió con los pulmones expuestos tras un accidente con una cortacésped. También casos llenos de humanidad, como el pollito de loro yaco que cuidó durante el confinamiento o la pogona a la que dio una segunda oportunidad gracias a una transfusión de sangre. Cada historia es una lección, y ella sabe convertirlas en contenido atractivo que acerca la medicina veterinaria de exóticos a todos.
Más allá de su labor clínica, Iris reflexiona sobre el estado y el futuro de la medicina veterinaria de reptiles en España. Cree que nuestro país cuenta con grandes profesionales, sin nada que envidiar a los de otros lugares del mundo, pero advierte que el panorama legal puede influir directamente en la disciplina. La Ley de Bienestar Animal y posibles restricciones a la cría y venta de especies podrían reducir drásticamente la presencia de reptiles en consulta. Y eso, señala, tendría un impacto que va mucho más allá del aspecto económico: sin pacientes, la medicina se estanca, no se investiga, y los profesionales dejan de formarse en ese ámbito.
También subraya que la relación entre terrariófilos y veterinarios es una asignatura pendiente. Cree que debe existir un mayor trabajo conjunto, y lamenta que, en ocasiones, los cuidadores más expertos no acudan a consulta por falta de confianza. Al mismo tiempo, observa que muchas veces la inversión en instalaciones y ejemplares no se corresponde con el mismo compromiso en medicina preventiva. Para Iris, la clave está en la responsabilidad: “Sea la especie que sea, esa vida está a nuestro cargo por nuestra voluntad, y depende de nosotros”.

A pesar de su juventud, Iris es ya un referente en la profesión. No solo por sus habilidades y conocimientos, sino por la forma en que inspira a quienes la escuchan y siguen en RR.SS. Advierte a los que quieren seguir su camino que esta especialidad no es fácil: requiere una pasión inquebrantable, estudio constante y una fortaleza que permita seguir adelante incluso en los momentos más duros. Pero también asegura que volvería a elegirla una y mil veces.
En un mundo donde los reptiles y otros animales exóticos a menudo son incomprendidos, Iris Domínguez muestra cómo el rigor científico puede convivir con la sensibilidad y la divulgación cercana. Es la prueba de que la vocación, cuando se vive con intensidad, no solo salva vidas: también inspira y une a toda una comunidad.









