Por Javier Magro / Imágenes David Martí
Hay grandes historias que nacen de gestos pequeños. En el caso de David Martí —hoy uno de los mayores especialistas en España en el manejo y el mantenimiento de serpientes venenosas— todo comenzó en los años ochenta, frente al televisor y con un bloque de plastilina entre las manos. La serie V, con aquellos visitantes reptilianos, y una imaginación desbordada hicieron el resto: de la plastilina empezaron a surgir cobras, serpientes de cascabel y hasta criaturas imposibles con silueta de Titanoboa. Tenía apenas seis o siete años, pero la fascinación por los reptiles ya lo había atrapado para siempre.

Durante su adolescencia, ese interés no hizo más que crecer. La escasez de información de la época no supuso un freno, sino un estímulo. Comenzó a visitar las principales exposiciones de ofidios venenosos del país, impulsadas por entidades como Grupo Atheris y Atrox, asistió a conferencias y estableció contacto con especialistas internacionales de primer nivel, entre ellos J. Marais, Mark O’Shea y Tony Phelps, quien pronto se convertiría en una figura clave y referente en su trayectoria profesional.
El camino de David nunca fue improvisado y completó su formación mediante cursos oficiales y no oficiales, presenciales y a distancia, acumulando innumerables horas de estudio y práctica, siempre con una convicción clara: trabajar con animales venenosos no admite errores ni descuidos.
Su aproximación a los ofidios venenosos fue progresiva. Comenzó con especies de baja importancia médica, aunque rápidas y difíciles de manejar, como las falsas cobras (Hydrodynastes gigas) y las bejuquillas (Oxybelis fulgidus). Aquella etapa le enseñó a evitar mordeduras, a confiar en el manejo y a anticiparse a cada movimiento, con una atención casi obsesiva por asegurar el cierre correcto de los terrarios. Más adelante llegaron las serpientes de cascabel, pero la verdadera prueba de fuego fue su primer encuentro con una cobra de monóculo. Su agilidad y su mirada intimidante le dejaron una lección que aún hoy recuerda: mantener la calma, no perderla de vista y anticiparse a cada movimiento.

Un punto de inflexión en su carrera llegó gracias a la televisión. El programa Cuarto Milenio, dirigido por Iker Jiménez, lo invitó a mostrar su trabajo, y David aceptó realizar en directo una extracción de veneno a una cobra del Cabo. Aquel momento marcó un antes y un después: su conocimiento dejaba de ser privado y pasaba a una esfera pública que trajo consigo nuevas colaboraciones y un mayor nivel de responsabilidad. En un país sin una tradición sólida en el manejo de ofidios venenosos, David comenzaba a consolidarse como una figura de referencia.
Años después, con una amplia experiencia a sus espaldas, asumió la dirección de “Mundo del Veneno y Otras Criaturas”, en Terra Natura Benidorm, una de las exposiciones de ofidios venenosos más completas de España. En sus instalaciones conviven elápidos, crotálidos y vipéridos, junto a una rica diversidad de reptiles y anfibios que, lejos de representar un peligro, forman para él un complejo puzle donde convergen investigación, educación y conservación.

Desde este espacio ha impulsado colaboraciones científicas centradas en el potencial terapéutico del veneno en áreas como la neurociencia, la oncología o los trastornos de la coagulación y tendido puentes entre zoológicos y universidades. Y también ha enseñado: a escolares, a adultos y, de manera muy especial, a niños con diversidad funcional. Para David, la expresión de un niño con autismo al sostener un dragón barbudo, en un entorno controlado, tiene un valor incalculable, muy por encima de cualquier reconocimiento.
La conservación también forma parte inseparable de su labor diaria. Iniciativas como el “studbook” europeo de la víbora de Mangshan (Trimeresurus mangshanensis) le recuerdan que su trabajo no se limita a garantizar el bienestar de los animales que están bajo su cuidado, sino también a contribuir activamente a la protección de su futuro.

Con el paso del tiempo, David ha aprendido que no hay dos serpientes iguales. Cada individuo posee un temperamento propio y una forma distinta de reaccionar, lo que exige observación constante, capacidad de adaptación y una revisión continua de certezas. Ha vivido momentos de enorme satisfacción —una cría que sale adelante, comportamientos que evolucionan…—, pero también sustos, patologías inesperadas y decisiones que deben tomarse en segundos. Y pese a sus innumerables logros mantiene una humildad inquebrantable: la conciencia de que, por mucha experiencia acumulada que posea, siempre queda algo nuevo por aprender.
Hoy, a las puertas de los cincuenta, David observa su trayectoria con la misma curiosidad que lo acompañó en la infancia. Si pudiera dirigirse a su yo del pasado, le aconsejaría viajar más, conocer a las especies en su entorno natural, compartir experiencias y anotar cada detalle. Entre sus recuerdos más valiosos sigue ocupando un lugar especial el ejemplar dedicado de “The Old World Viper” por Tony Phelps, una obra en la que el propio David estuvo involucrado.

Así, desde un sueño de la infancia hasta la dirección de una de las exposiciones de venenos más relevantes de España, se han ido escribiendo algunos de los capítulos más significativos de la trayectoria de quien es hoy uno de los grandes referentes en el mantenimiento, la cría y el manejo de ofidios venenosos del país. Y todo indica que los que están por venir se escribirán del mismo modo: con disciplina, rigor y un profundo respeto por las criaturas que han iluminado su camino.









