Terrariofilia responsable

Por Rodrigo Bustos
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Cuando hablamos de hacer algo de forma responsable, debemos tener presente que ese concepto puede variar mucho de una persona a otra. En la terrariofilia ocurre lo mismo, pero es importante que los aficionados seamos capaces de alcanzar consensos sobre cómo hacer las cosas. No debemos olvidar que trabajamos con animales y que el respeto hacia ellos ha de estar siempre por encima de todo.

¿Qué entiendo yo por terrariofilia? Para mí, es la oportunidad de aprender día a día sobre los seres vivos que habitan ese pequeño ecosistema que hemos creado. Hay algo mágico en contemplar desde nuestro sofá un terrario recreado a partir de un hábitat determinado y habitado por una especie que nos apasiona. También lo es observar los comportamientos naturales de un animal que, en libertad, quizá solo podríamos observar si viajásemos miles de kilómetros y tuviésemos la suerte de encontrarlo. Sin embargo, esa facilidad de acceso, que tanto nos permite disfrutar de nuestra afición, puede hacer que perdamos de vista lo que la sustenta y acabemos acercándonos a los animales desde una perspectiva más propia del coleccionismo que del interés por conocerlos.

Recrear un pequeño fragmento de naturaleza nos permite descubrir, desde casa, una parte del mundo que de otro modo quizá nunca llegaríamos a conocer / Rodrigo Bustos

Hace años, el principal objetivo de la terrariofilia era conseguir mantener vivos a los animales. Eran tiempos precarios, con poca información, sin internet y prácticamente sin medios. Por suerte, hoy vivimos una realidad muy diferente. Tenemos a nuestro alcance los conocimientos y los recursos necesarios para ofrecer a nuestros animales unas condiciones de vida adecuadas y, al mismo tiempo, disfrutar de ellos y aprender día a día. Aprovechar todo lo que hemos avanzado como aficionados nos permite defender nuestra pasión con hechos, no solo con palabras. Una terrariofilia responsable se defiende por sí misma, y pocas cosas pueden transmitir mejor su valor que unas instalaciones bien planteadas, que inviten a observar, comprender y aprender. Es, además, una de las mejores maneras de acercar nuestra afición a quienes todavía no la entienden.

Dentro de la terrariofilia conviven numerosas formas de mantener a los animales, con sus ventajas e inconvenientes, y adaptadas a distintas especies y circunstancias. Podemos tener opiniones diferentes sobre las instalaciones, los métodos de mantenimiento o la manera de abordar determinados aspectos de la afición. Sin embargo, hay algo que nos une a la mayoría: nuestra pasión por los animales y el interés por conocerlos. Creo que debemos reivindicar ese vínculo común, porque la terrariofilia es también una poderosa herramienta de divulgación. A través de ella podemos acercar al público el comportamiento de unos seres vivos que, en muchos casos, siguen siendo grandes desconocidos.

Tenemos entre manos algo parecido a un museo vivo, un espacio que debemos cuidar y enriquecer día tras día para que, especialmente las nuevas generaciones, aprendan a respetar y apreciar el medio natural y a los animales que lo habitan. Por eso, los objetivos de la terrariofilia no deberían limitarse a reproducir animales o a obtener un beneficio económico de ellos. Nuestros terrarios pueden ser también herramientas didácticas capaces de despertar la curiosidad y transmitir conocimientos por sí mismos. Recuerdo una anécdota que siempre me ha acompañado. Un buen amigo me dijo una vez que nuestra afición era como ver un documental en directo: se asomaba al terrario y, entre el olor, la humedad y el enriquecimiento ambiental, sentía que estaba en la selva. Creo que pocas veces he escuchado una forma tan sencilla y acertada de explicar lo que podemos llegar a transmitir a través de la terrariofilia.

También necesitamos reforzar los espacios en los que compartimos conocimientos y experiencias. Las ferias, los encuentros entre aficionados, los grupos en redes sociales y las charlas son fundamentales para mantener viva nuestra comunidad y hacerla crecer. En España todavía tenemos mucho margen de mejora en este sentido. Soy consciente de que poner en marcha este tipo de iniciativas no es fácil y requiere tiempo, esfuerzo y recursos. Precisamente por eso, debemos reconocer su valor y apoyar a quienes las hacen posibles. La terrariofilia merece un mayor reconocimiento, y somos nosotros, aficionados y profesionales, quienes debemos trabajar para conseguirlo.

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El momento que atraviesa actualmente la terrariofilia en España, con un panorama poco alentador, debería invitarnos a reflexionar sobre el futuro que queremos para nuestra afición. Cada uno de nosotros debe preguntarse si está dispuesto a contribuir a un proyecto colectivo, del que todos podamos beneficiarnos, o si prefiere refugiarse en el individualismo. Yo lo tengo claro: la terrariofilia es de todos y para todos. Por eso, en estos momentos complicados, creo que debemos implicarnos más que nunca.

No sirve de nada esconderse ni refugiarse en la clandestinidad. Necesitamos estar orgullosos de lo que hacemos, mostrarlo con naturalidad y demostrar, mediante nuestras prácticas y nuestro compromiso diario, que la terrariofilia puede desarrollarse desde el respeto a los animales, el conocimiento y la responsabilidad. La mejor defensa de nuestra afición es el trabajo bien hecho. Y esa defensa empieza por cada uno de nosotros.