La anterior pregunta es común entre los aficionados a los terrarios. Muchos afirman que los ejemplares capturados pueden ser de utilidad para el crecimiento de la terrrariofilia mientras que otros los consideran prescindibles. Ambas partes tienen motivos para defender sus posturas porque sí existen pros y contras relacionados con la cautividad de reptiles y anfibios “salvajes”.

Argumentos favorables:

Los ejemplares silvestres son los que posibilitan la existencia de posteriores generaciones Nc. Sobre esta premisa, su existencia en la terrariofilia puede reforzar a incipientes proyectos de cría y también agilizarlos, ya que gran parte de la fauna capturada son ejemplares que ya han alcanzado su madurez sexual.

Los animales Wc disponen  a priori de  una genética “mejor” que los ejemplares NC;  al darse menos retro cruzamientos en su medio natural y al estar, ésta, exenta de los “vicios ocultos” derivados de la producción fases. Un hecho que puede ser de utilidad para revitalizar, o reconducir, proyectos  de cría estables.

La coloración de los reptiles y anfibios capturados puede diferir en ocasiones de la de sus análogos Nc. Pese a que sí podemos encontrar muchas similitudes cromáticas entre ambos los vivos colores de las especies silvestres son una realidad que no pasa desapercibida para muchos aficionados. Además, reconocidos herpetocultores creen seguir necesitando de las peculiaridades de especies salvajes para seguir desarrollando nuevas “fases”. 

Trioceros jacksonii, ejemplar Wc

La captura, cría y comercialización de especies ha permitido afianzar y proteger poblaciones silvestres. Ejemplo de ello son las granjas Ghanesas de Phyton regius que durante años destinaron el 10 % de su producción, y de sus beneficios económicos, a la reintroducción y conservación de la especie.

Por último, destacar que en España es más sencillo acreditar la legalidad de los ejemplares importados (previamente capturados) que la de los ejemplares Nc; dadas las trabas burocráticas a las que están sometidas los criadores particulares y profesionales.

Pese a que los anteriores puntos podrían “justificar” la tenencia de las anteriores especies no debemos de olvidar que éstas también tienen unos contras relevantes; muy a tener en cuenta por quienes puedan plantearse su adquisición.

Argumentos desfavorables:

Las cuarentenas de ejemplares capturados deben ser largas y metódicas. La convivencia con otros ejemplares de su misma especie (en origen) y el estrés causado por su transporte pueden penalizar la salud de estos ejemplares y ello obliga a los aficionados a un mayor control de sus animales cautivos antes de trasladarlos a las instalaciones definitivas.

Dado que las anteriores especies han pasado gran parte de su vida en libertad, su adaptación a la cautividad puede no darse nunca o ser larga y costosa. Un proceso tedioso que tan solo está al alcance de aficionados con técnica y conocimientos avanzados.

Chamaeleo calyptratus nacido en cautividad

La captura masiva de especies para abastecer a la terrariofilia sí ha castigado a poblaciones silvestres que no cuentan con una amplia distribución. Si el comercio de Phyton regius había servido para su conservación, las capturas de Lygodactylus williamsi supusieron lo contrario (la especie se encuentra en el presente al borde de su extinción).

Además, la coexistencia de ejemplares Wc y Nc  de la misma especie puede ir en contra de los propios intereses de la terrariofilia, ya que los precios inferiores de los animales Wc son un reclamo para compradores inexpertos y ponen en riesgo la supervivencia de proyectos de cría en cautividad.

Conclusión.

Pese a los pros de los ejemplares de captura (Wc) su tenencia no está indicada para aficionados nóveles o para quienes pretenden a un anfibio o reptil como mascota. Ésta debe recaer en manos de expertos terrariófilos con finalidades afines a la cría en cautividad. La terrariofilia actual se nutre, casi por completo, de un gran número de especies criadas en cautividad y así debe seguir siendo para garantizar su sostenibilidad.