Por Manuel KP, imágenes del autor
Hemitheconyx Caudicinctus es también conocido entre los aficionados a los terrarios como geco de dos cabezas, geco de cola gorda africano y también como AFT (african fat – tailed gecko).
Esta especie terrestre, originaria de África Occidental, dispone de una talla media; sus dimensiones oscilan entre 18 y 25 cm (hocico – cola) con pesos entre los 40 y 70 gr. Y puede llegar a vivir entre 15 y 20 años en cautividad con unos cuidados óptimos.
En estado salvaje, H. caudicinctus presenta dos patrones muy similares, que se diferencian por un detalle: uno de ellos posee una línea blanca que recorre el cuerpo desde la cabeza hasta la cola. Ambos presentan una base de color marrón claro, combinada con dos bandas horizontales más oscuras sobre el lomo. El ejemplar con la línea blanca se conoce como “striped”, mientras que el que carece de ella se denomina “banded”.

De su morfología destacan la cabeza ancha y robusta, los ojos provistos de párpados móviles (rasgo característico de los eublefáridos) y la cola anillada, que cumple la función de almacenar reservas de grasa. Esta cola puede desprenderse en varias ocasiones si el animal es manipulado de forma incorrecta o se siente amenazado, regenerándose después con un aspecto liso y distinto al original.
La especie presenta un marcado dimorfismo sexual, fácilmente reconocible a simple vista. Los machos adultos muestran poros femorales dispuestos en forma de “V” sobre la cloaca, además de dos abultamientos en la base de la cola que corresponden a los hemipenes. Las hembras, de menor tamaño, pueden presentar también poros y abultamientos, aunque mucho menos pronunciados.
Para asegurar un buen estado de salud en nuestros ejemplares, es fundamental realizar un período de cuarentena antes de incorporarlos a sus terrarios definitivos o conformar grupos reproductores.
Alimentación
Su alimentación es insectívora y podemos ofrecerles de forma habitual cucarachas, grillos y langostas e incorporar esporádicamente a su dieta algún pequeño gusano (de la harina, de seda o de la miel). Procuraremos no abusar de este tipo de alimentos grasos ya que H. caudicinctus pueden engordar con facilidad. Para complementar su dieta deberemos espolvorear semanalmente, sobre las presas ofrecidas, vitaminas y calcio de buena calidad.

Cabe destacar que algunos ejemplares pueden dejar de comer si los parámetros habituales del terrario cambian, incluso un simple cambio de decoración o de ubicación del terrario pueden frenar la inercia alimenticia de H. caudicinctus. Por lo anterior, me gusta recomendar que tras su adquisición dejen tranquilos a los animales, hasta que reconozcan y estén habituados a su nuevo hogar. Transcurridos unos días sí podremos manipularlos, si fuese necesario, y administrarles alimento de manera progresiva.
El terrario
Hemitheconyx caudicinctus requiere terrarios con dimensiones mínimas de 90 × 40 × 40 cm. Tradicionalmente, estos animales se han mantenido sin aporte de radiación UVB, ya que en la naturaleza apenas se exponen a la luz directa; sin embargo, diversos estudios han demostrado que el uso de esta iluminación resulta beneficioso incluso en gecos de hábitos similares.
En cuanto a la humedad, la especie necesita niveles relativamente bajos, que pueden alcanzarse con pulverizaciones ligeras sobre el sustrato un par de veces por semana. Es importante proporcionar refugios secos y cálidos, así como otros húmedos, que les ayudarán durante el proceso de muda y servirán de lugar de puesta para las hembras.
El terrario debe contar con un gradiente térmico bien definido: una zona cálida que alcance los 32 °C y otra más templada, entre los 20 y 25 °C. Además, es recomendable un descenso nocturno de la temperatura, con una bajada de entre 5 y 8 °C para reproducir de manera más fiel sus condiciones naturales.
Cría en cautividad
La temporada reproductiva se extiende de noviembre a marzo. Tras una sola cópula, las hembras pueden llegar a producir entre 7 y 8 puestas al año, gracias a su capacidad de retener el esperma del macho. Cada puesta suele espaciarse entre 2 y 3 semanas. No obstante, conviene señalar que este ritmo supone un gran desgaste para el animal, por lo que es recomendable limitarlo a un máximo de 3 o 4 puestas anuales. Un ligero descenso en las temperaturas del terrario puede favorecer que la hembra entre en un período de descanso.
Cada puesta consta de dos huevos, que normalmente son enterrados en la zona más húmeda del terrario. Si al observarlos a trasluz se aprecian vasos sanguíneos, significa que son fértiles.
La incubación debe realizarse a temperaturas de entre 27 y 32 °C, con una duración media de 75 a 80 días. Además, la temperatura influye en la determinación del sexo de las crías: incubaciones más frías producen mayor número de hembras, mientras que las más cálidas favorecen la aparición de machos y acortan el tiempo de desarrollo.

Las crías nacen con un peso aproximado de 3 gramos. Comienzan a alimentarse pasados 4 o 5 días, generalmente después de completar su primera muda. Para su dieta pueden emplearse las mismas presas que en los adultos, siempre adaptando el tamaño de éstas a las de los neonatos.
Apuntes sobre “fases”
“White out” (co-dominante): El cuerpo de éstos es blanco y presenta motas y bandas de color negro que no son sólidas. Cabe destacar que no debemos juntar bajo ningún concepto dos “White out”, dado que un 25% de la forma “Super White out” es letal, sin excepciones.
“Zero” y “Stinger”: consideradas (hasta ahora) como co-dominantes, quizás sean las que más interés despiertan entre los aficionados hoy en día. Los denominados “Zero” disponen de una coloración similar a un nominal, pero en lugar de bandas presentan en su espalda una mancha en forma de pieza de puzzle o similar (también bandas conectadas entre sí). Un aspecto diferencial entre “Zero” y “Stinger” es el “striped”; presente en el primero y carente en el segundo. Ambos (“Zero” y “Stinger”) presentan una súper forma que puede generar confusión dado que se asemeja a la fase denominada como «Patternless».
“Amel” (gen recesivo): Ejemplares de cuerpo anaranjado con bandas lavanda. Su coloración tiende a perder bastante intensidad con el paso de los años. Sus cruces con otras “fases” pueden ser problemáticos, un hecho a tener en cuenta a la hora de realizar cruces con estos genes.

“Caramel” (recesivo): Son de color marrón claro (caramelo) y presentan bandas más oscuras.
“Ghost” (recesivo): Los ejemplares que disponen de esta genética son fáciles de reconocer, dado que exhiben un tono similar al de las etapas previas a un proceso de muda.

“Oreo” (recesivo): Sus juveniles son de color blanco con bandas negras que pueden perder brillo e intensidad con el paso del tiempo; dando lugar a tonos más amarronados.
“Patternless” (recesivo): se caracterizan por un color uniforme que va del marrón anaranjado al marrón, sin presentar bandas ni otros patrones en el cuerpo.
“Zulu” (recesivo): Otra genética que puede generar confusión al presentar diversas formas, pero su vientre translúcido los hace únicos.









