Por Javier Magro / Imágenes; Jordi Hernández
Desde 2019, Jordi Hernández recorre las orillas del Besós y sus afluentes con una misión clara: conocer y proteger a uno de los grandes desconocidos de nuestra fauna, el galápago leproso (Mauremys leprosa). Con esfuerzo y perseverancia, ha ido tejiendo, captura a captura, la primera radiografía detallada de esta especie en un río que, durante décadas, estuvo asociado a contaminación y abandono. Hoy, su proyecto, MAUREMYS-BESÓS, respaldado por la Sociedad Herpetológica Valenciana (SOHEVA), es un referente en la herpetología de campo en Catalunya.

El Besós no había sido objeto antes de un estudio de marcaje y recaptura de galápagos autóctonos. Hasta la llegada de Jordi, no había datos claros sobre cuántos ejemplares vivían allí, cómo se movían o en qué estado se encontraban sus poblaciones. La campaña de 2024 ha marcado un antes y un después: más de mil días de trabajo en 27 estaciones de muestreo, repartidas por tres sectores del Besós, un tramo del Mogent y dos lagunas clave (Can Cabanyes y Can Fenosa), han permitido identificar 325 galápagos diferentes, de los cuales 219 fueron marcados por primera vez. Contando recapturas, el número asciende a 635, lo que ha permitido estimar que la población total en la zona podría superar los 400 individuos. Cifras provisionales, ya que el proyecto sigue vivo.
Los datos muestran un claro desequilibrio entre sexos, con tres machos por cada hembra, una tendencia constante en todas las localidades estudiadas. A pesar de ello, el seguimiento de varios ejemplares a lo largo de los años ha demostrado que el río y sus afluentes actúan como verdaderos corredores ecológicos. Algunas galápagos han recorrido varios kilómetros, como el ejemplar 10.380, marcado en 2019 en Can Cabanyes y recapturado cinco años después en el sector A del Besós, a más de 4 km de distancia. Otros, como el 11.313, se han desplazado más de 5 km en un solo año, demostrando una movilidad sorprendente.

Pero no todo son buenas noticias. La presencia recurrente de especies invasoras, como el cangrejo rojo americano y los galápagos de Florida, representa una amenaza constante. Solo en esta campaña se han retirado 47 galápagos exóticos y más de 150 cangrejos rojos, todos competidores directos por alimento y refugio. Frente a esto, el proyecto no se limita a registrar datos: actúa, retirando estas especies del medio y trasladándolas a centros de recuperación.
El trabajo de Jordi combina ciencia y compromiso personal. Cada ejemplar marcado es fotografiado, medido y registrado en fichas que acumulan ya seis años de información. Los datos obtenidos son oro para la conservación, pues permiten detectar cambios a largo plazo y entender cómo responden las poblaciones a las amenazas. Y más allá de la ciencia, el proyecto incluye actividades de sensibilización, acercando a la ciudadanía a la realidad de su río y mostrándoles que, a pocos metros de sus casas, vive un tesoro natural que merece ser cuidado.

El Proyecto MAUREMYS-BESÓS es la prueba de que la conservación empieza por conocer, y que conocer requiere tiempo, constancia y pasión. Jordi Hernández lo ha demostrado a lo largo de cientos de jornadas de campo, bajo el sol o la lluvia, con el único objetivo de que el galápago leproso siga siendo parte viva de nuestros ríos. Su trabajo nos recuerda que, incluso en lugares marcados por un pasado de degradación, la vida se abre paso… si alguien está dispuesto a escucharla.









