Por Terrario tecnia / Imágenes; Pexels
Imagina que visitas una feria internacional de reptiles. Te detienes ante un terrario iluminado que exhibe una majestuosa iguana de aspecto prehistórico, con escamas grises, cola espinosa y una mirada imperturbable. El cartel anuncia: “Iguana terrestre de Galápagos. Nacida en cautividad.” A su lado, una etiqueta discreta menciona el país de origen: Uganda. ¿Uganda?
Aunque pueda parecer una anécdota sacada de contexto, es precisamente este tipo de situación la que ha desvelado un reciente estudio publicado en Biological Conservation (Auliya et al., 2025), que analiza con detalle cómo las iguanas endémicas de Galápagos —específicamente las de los géneros Conolophus y Amblyrhynchus— están siendo objeto de tráfico internacional disfrazado de comercio legal. Lo más preocupante es que este fenómeno no es aislado, sino representativo de una tendencia global que pone en jaque tanto a la conservación de especies amenazadas como a la credibilidad de quienes practican la terrariofilia de forma ética y responsable.
Sobre el comercio de iguanas de Galápagos
Desde 1975, cuando la CITES entró en vigor y Ecuador se convirtió en Parte (fue el séptimo país en ratificar el tratado), no se ha reportado ninguna exportación legal de iguanas vivas —ni terrestres ni marinas— procedentes de Galápagos. Esta información, disponible en los registros oficiales de la Secretaría de CITES, es clave: ningún permiso ha sido emitido por Ecuador para autorizar su salida con fines comerciales o de tenencia privada.
A pesar de ello, el estudio revela que iguanas originarias de este archipiélago han estado apareciendo en mercados internacionales con documentación que las presenta como «criadas en cautividad», emitida por países como Uganda, Mali o Suiza. Sin embargo, estos países no cuentan con criaderos registrados capaces de reproducir legalmente estas especies. Esta desconexión entre el país de origen y los países exportadores —que afirman tener ejemplares criados en cautividad— genera serias dudas sobre la autenticidad de dichos permisos.

¿Qué tiene que ver esto con nosotros?
La tentación de mirar hacia otro lado es fuerte. Al fin y al cabo, ¿qué relación tiene un criador español de geckos o dendrobátidos con una iguana marina de Galápagos vendida ilegalmente en Asia? La respuesta es clara: toda.
La práctica de la terrariofilia no puede desvincularse del contexto global en el que se mueve. Lo que ocurre en una feria de Tokio o en un criadero europeo afecta al prestigio, la sostenibilidad y la legitimidad del conjunto del sector. Y si se normaliza la presencia de animales obtenidos mediante engaños, incluso quienes trabajan con especies legalmente disponibles pueden verse arrastrados por la desconfianza generalizada.
Además, esta realidad plantea preguntas incómodas: ¿de dónde proceden realmente los animales que compramos? o ¿Tenemos herramientas fiables para verificar la trazabilidad de lo que adquirimos?
Con demasiada frecuencia, el comprador se limita a confiar en la documentación que recibe, sin investigar más allá. Pero los documentos, por sí solos, no siempre garantizan la legalidad del ejemplar.
Más allá del reptil exótico
El artículo de Auliya y colaboradores es claro: el caso de las iguanas es solo un ejemplo. Otros reptiles, anfibios y pequeños vertebrados están siendo comercializados de forma similar: bajo el barniz de la legalidad, pero con raíces en la ilegalidad más cruda. El comercio ilicito ha encontrado fisuras en el sistema, y algunos países se han convertido, por carecer de suficiente control, en plataformas para el blanqueo de fauna.
Ante esta situación, como aficionados, divulgadores o criadores, tenemos una responsabilidad que va más allá del cumplimiento normativo: debemos promover una terrariofilia comprometida con la conservación, la educación y la transparencia.
La fascinación por los reptiles y anfibios no puede separarse del respeto por su origen y su entorno. Si admiramos la singularidad de una iguana de Galápagos, debemos también proteger el frágil equilibrio que la ha hecho posible.
El tráfico ilícito de fauna no solo amenaza a las especies; pone en riesgo a toda una comunidad de personas que, como tú, creen que la convivencia entre humanos y reptiles —la terrariofilia— puede ser enriquecedora, educativa y sostenible. Pero esa convivencia solo será posible si se construye sobre una base ética, legal y ecológica firme.
Fuentes
- Auliya, M., Ineich, I., Luiselli, L., Goyenechea Mayer-Goyenechea, A., Altherr, S., et al. (2025). Trafficking of Galápagos iguanas as an example of a global problem. Biological Conservation, 305, 111104. https://doi.org/10.1016/j.biocon.2025.111104
- Secretaría de la CITES. Base de datos de comercio de especies. https://trade.cites.org
- Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES): https://cites.org









