En los húmedos y frondosos bosques de las islas del noroeste de Fiji habita una de las especies más singulares del Pacífico: la iguana crestada (Brachylophus vitiensis), un reptil de vivos colores cuya historia evolutiva ha cautivado a científicos y herpetólogos de todo el mundo y que hoy es protagonista de una preocupante alerta internacional.
El Gobierno de Fiji, a través del convenio CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres), ha emitido una notificación dirigida a todas las partes (países firmantes). En ella, solicita cooperación urgente para detener el comercio internacional no autorizado de ejemplares de esta especie tan emblemática como amenazada.
Sobre su comercio internacional
Endémica de las islas fiyianas, esta iguana fue incluida en el Apéndice I de CITES en 1981, lo que prohíbe su comercio internacional con fines comerciales. Su nivel de protección no es casual ya que en 2012 fue clasificada como “En Peligro Crítico” en la Lista Roja de la UICN, debido al declive de sus poblaciones, la pérdida de hábitat y la presión del tráfico ilegal. En Fiji, la especie está amparada por la Ley de especies en peligro y está protegida desde el año 2002.
Durante las décadas de los 80 y 90, Fiji autorizó de forma controlada la exportación de un número muy reducido de ejemplares vivos, todos ellos destinados a zoológicos de Australia y, más adelante, a uno en Estados Unidos. Estas transferencias se hicieron con fines de conservación y siempre bajo el amparo de las autoridades del país.
Sin embargo, los problemas comenzaron cuando años después aparecieron registros de exportaciones de B. vitiensis a escala mucho mayor sin respaldo legal. En 2010, por ejemplo, se notificó un envío de 120 ejemplares vivos desde Fiji a Australia, y en 2014 otro de 216 ejemplares a Estados Unidos. Ambos registros, según las autoridades de Fiji, no fueron autorizados por el país insular.
Del mismo modo, consideran inquietantes los registros de comercio hacia Europa, ya que la base de datos de CITES no contiene evidencia de exportaciones legítimas de B. vitiensis desde Fiji al viejo continente. Aun así, entre 2009 y 2011, se documentaron importaciones europeas procedentes de Mali que levantaron fuertes sospechas sobre el origen de esos animales así como sobre la posterior distribución de parte de su descendencia a países como Uganda, Japón, Canadá, Indonesia, Sudáfrica y Tailandia entre 2017 y 2023.
Frente a esta situación, el Gobierno de Fiji ha dejado clara su postura. Para proteger a la especie de forma efectiva, solo deberían permitirse transferencias internacionales si se puede demostrar fehacientemente que los ejemplares provienen de individuos obtenidos legalmente en Fiji.
Además, ha solicitado encarecidamente a todos los países parte del convenio que no expidan permisos de importación, exportación o reexportación de esta iguana sin consultar previamente con la Autoridad CITES de Fiji, con el objetivo de garantizar que cualquier movimiento internacional de estos animales esté debidamente verificado y contribuya, en lugar de perjudicar, a la conservación de la especie.
Este llamado no solo es relevante para las autoridades y los conservacionistas, también interpela directamente a la terrariofilia. La cría en cautividad de especies amenazadas puede ser una herramienta de conservación, pero solo cuando se realiza con responsabilidad, trazabilidad y dentro del marco legal.










