En noches cálidas y húmedas de cualquier rincón del mundo, el canto de ranas y sapos se ha convertido en una sinfonía cada vez menos intensa y frecuente. Ya que los anfibios, y en particular los anuros, están enfrentando una crisis global sin precedentes debido a la destrucción de sus hábitats, la contaminación, el cambio climático y a enfermedades emergentes. Ante esta situación, el mantenimiento en cautividad ha surgido como una herramienta clave para su conservación, con zoológicos y acuarios desempeñando un papel crucial en la preservación de muchas especies al borde de la extinción.

Phyllobates terribilis mantenida en un terrario enriquecido, que simula su microhábitat natural / Créditos; Javier Magro
La crisis de los anfibios y la respuesta de los zoológicos
Desde finales del siglo XX, los científicos han sido testigos de la alarmante disminución de poblaciones de anfibios en diversas partes del mundo. Para afrontar este declive se formaron organizaciones como la IUCN/SSC Declining Amphibian Populations Task Force y Amphibian Ark (AArk), cuyo objetivo, fue, y sigue siendo, coordinar esfuerzos de conservación a nivel global.
Los principales desafíos a los que se enfrentan estas organizaciones los conforman múltiples amenazas. La fragmentación del hábitat, la contaminación del agua y la radiación UV-B han afectado seriamente a muchas especies, dificultando su reproducción y supervivencia. Además, la introducción de especies invasoras y el comercio de anfibios como mascotas han incrementado el riesgo para muchas poblaciones silvestres, favoreciendo la propagación de enfermedades emergentes como la quitridiomicosis y el ranavirus, ambos responsables de la desaparición de varias especies en los últimos años.
Frente a este escenario desalentador, los zoológicos y acuarios también han asumido un papel destacado mediante programas de reproducción en cautividad y proyectos de reintroducción. A través de estos programas, se han logrado avances significativos en la reproducción de especies altamente amenazadas, como la rana arlequín (Atelopus spp.) y el sapo crestado de Puerto Rico (Peltophryne lemur). Estas iniciativas han permitido no solo aumentar las poblaciones de estas especies en cautiverio, sino también desarrollar protocolos para su eventual reintroducción en la naturaleza.
Beneficios y desafíos del mantenimiento en cautividad
Criar anfibios en cautividad no es tarea fácil. Se requiere de un conocimiento preciso sobre sus hábitos, dietas y condiciones ambientales idóneas. Además, su reproducción en terrarios y vivarios presenta desafíos genéticos, como la pérdida de diversidad y la adaptación a condiciones artificiales que pueden dificultar la reintroducción de los individuos en la naturaleza. Pese a ello, conseguirla ha permitido estudiar mejor a muchas especies, desarrollar tratamientos para enfermedades como la quitridiomicosis y evitar la extinción inmediata de algunos anfibios altamente amenazados.
Los programas de cría en zoológicos han experimentado un crecimiento significativo en las últimas décadas. Entre 2007 y 2014, hubo un aumento del 57% en el número de especies de anfibios mantenidas en instituciones zoológicas, con un enfoque creciente en aquellas especies en peligro de extinción.

Dendrobates tinctorius, especie presente en muchas colecciones zoológicas / Créditos; Javier Magro
En este sentido, se han desarrollado herramientas como el «Decision Making Tool» de Amphibian Ark, que permite a los conservacionistas evaluar qué especies son más aptas para la reproducción en cautividad y evitar errores comunes en la implementación de estos programas. Por otro lado, iniciativas como FrogWatch y otros programas de ciencia ciudadana han permitido monitorear poblaciones de anuros en la naturaleza y complementar los esfuerzos de conservación ex situ.
Un aspecto crucial en la cría en cautividad es la optimización de las condiciones de mantenimiento. La iluminación adecuada, el suministro de calcio y vitaminas, y la provisión de microhábitats enriquecidos han demostrado ser factores esenciales para mejorar la salud y el bienestar de los anfibios en cautiverio. Del mismo modo, recientes estudios han destacado la importancia de la dieta en el desarrollo larval y en la salud de la piel de los anuros, lo que influye en su resistencia a enfermedades y en su éxito reproductivo.
Casos de éxito incluyen la reintroducción del sapo partero de Mallorca en su hábitat natural tras la erradicación del hongo quítrido, la cría en cautividad del sapo crestado de Puerto Rico y los programas de reintroducción de la rana de Titicaca (Telmatobius culeus). Sin embargo, aún quedan muchos retos por afrontar, como la captación de fondos para sostener estos proyectos y la necesidad de estrategias a largo plazo para garantizar la supervivencia de las poblaciones reintroducidas.

Jaime Bosch, responsable del proyecto Sos Anfibios, es un referente en la lucha contra las enfermedades emergentes / Créditos; Jaime Boch
El futuro de la conservación de anfibios
Para que el mantenimiento en cautividad sea una estrategia efectiva a largo plazo, debe combinarse con esfuerzos de conservación en el hábitat natural. La protección de los ecosistemas, la educación ambiental y la investigación científica son piezas clave en la lucha por la supervivencia de los anfibios.
Afortunadamente, cada vez más zoológicos, instituciones y criadores especializados están uniendo esfuerzos para preservar a estos fascinantes animales. Iniciativas como la reproducción de ranas venenosas (Oophaga lehmanni y Phyllobates terribilis) en zoológicos de Colombia o la reintroducción de la rana de Titicaca (Telmatobius culeus) en Bolivia nos muestran que sigue habiendo esperanza.
Cuidar de los anfibios en cautividad no solo es una tarea de zoológicos y científicos, sino de todos aquellos que admiramos su singular belleza y comprendemos su importancia en los ecosistemas. Mantenerlos de forma responsable, es también garantizar que el canto de las ranas siga resonando en la naturaleza.
Fuentes
Murphy, J. B., & Gratwicke, B. (2017). History of Captive Management and Conservation Amphibian Programs Mostly in Zoos and Aquariums. Part I—Anurans. Herpetological Review, 48(1), 241–260.









