Hace unos meses, compartí un artículo en esta revista digital sobre estas integrantes del género Lampropeltis, en el que hice especial hincapié en su descripción, distribución, estatus y mantenimiento en cautividad. Quedó pendiente abordar su cría, así que lo haré a continuación, basándome en mi experiencia personal y también en consejos de compañeros de afición que disponen de una amplia y exitosa trayectoria con este y otros colúbridos. No pretendo que este texto sea un manual de referencia, sino todo lo contrario. Tras su lectura animo a sus lectores a ampliar conocimientos consultando otras fuentes de información fiables, como profesionales de la terrariofilia, libros y revistas.

Disponer de una pareja sana, que haya alcanzado la madurez sexual, es el punto de partida para intentar su reproducción. Si Lampropeltis polyzona (nelsoni) ha sido mantenida en óptimas condiciones, a partir de los tres años de edad serán capaces de conseguirlo.
Mi experiencia con estas serpientes me lleva a identificar cuatro etapas clave en la reproducción de mis serpientes. Durante la principal, que abarca de marzo hasta septiembre (aproximadamente), aporto a mis ejemplares reproductores unas temperaturas más o menos constantes entre 26 y 30 grados centígrados diurnos y 22 – 20 nocturnos, un fotoperiodo de 12h de luz y 12h de oscuridad y presas (ratones adultos congelados) cada 8 -10 días. En este periodo tienen lugar la cópula, la puesta y la eclosión de las crías (de las que hablaremos más adelante) y también la plena actividad de los animales.

Durante la segunda etapa, más corta que la anterior y que comprende los primeros meses otoñales del hemisferio norte, preparo a las culebras para su descanso hibernal. A partir de mediados de septiembre reduzco su alimentación a una presa cada dos semanas y desciendo de manera progresiva la temperatura y las horas de luz de sus terrarios. No recurro a mantas térmicas y tampoco a termostatos, durante septiembre y principios de octubre las temperaturas en el interior de mi vivienda siguen siendo cálidas (más aún en la habitación donde están ubicados sus terrarios) y las serpientes se mantienen activas. Por el contrario, sí utilizo temporizadores para reducir 15 minutos de luz semanales. Durante estas semanas llevo a cabo una exhaustiva limpieza de sus terrarios.
A finales de octubre tiene inicio la tercera etapa, cuando el fotoperiodo de sus terrarios se limita a 10 horas de luz y las temperaturas máximas han descendido hasta los 25 grados centígrados. Momento en el que alimento por última vez a las serpientes con una presa de menor tamaño que las anteriores veces, y dos o tres semanas después (margen suficiente para que puedan realizar su digestión) apago su iluminación. La hibernación la extiendo durante seis / ocho semanas a temperaturas entre los 14 y 16 grados centígrados. Tiempo en el que los animales permanecerán separados en sus respectivos terrarios (provistos de la decoración habitual) y en el que estoy atento a cualquier cambio en su estado de salud.

Despertar a las serpientes de su letargo (cuarta etapa) no debe hacerse de un día para otro. Por lo que durante el mes de enero procedo a aumentar las temperaturas y las horas de luz paulatinamente. La primera presa tras la hibernación (un ratón adulto de talla media) la ofrezco dos semanas después, cuando el punto caliente del terrario ronda o supera los 25 grados centígrados, y a partir de entonces retomo la pauta alimenticia habitual; ratón de talla grande cada 8- 10 días.
Las horas de luz (12 horas de luz y 12 de oscuridad) y las temperaturas no recuperan los valores habituales en el terrario hasta marzo. Momento en el que elevo la humedad pulverizando manualmente dos o tres veces por semana. Tras estos estímulos, aumento de temperaturas, del fotoperiodo y humedad, podrían darse las primeras cópulas, pero mis ejemplares adultos los mantengo separados hasta principios de mayo, para que el desove de la hembra tenga lugar en junio y así poder incubar la puesta a temperatura ambiente (sin recurrir a incubadoras comerciales), aprovechando las cálidas temperaturas del verano.
Por norma general, la cópula de mis serpientes tiene lugar a mediados de mayo a los pocos minutos de haber introducido al macho en el terrario de la hembra, un acto que dura escasos minutos y que suele repetirse mientras ambos ejemplares conviven en el mismo terrario (una vez observadas varias cópulas separo a las serpientes). El desove se produce un mes después de la cópula, tras haber realizado la hembra la muda prepuesta. Para garantizar que deposite los huevos en un lugar óptimo coloco, días antes, un tupper con una gruesa capa de musgo rehidratado en el interior de su terrario.

El número de huevos de la puesta variará en función del tamaño y la edad de la serpiente. Mi hembra reproductora (nacida en 2020) hizo una puesta de 5 huevos fértiles en 2023 y dos, una de 7 y otra de 5, en 2024. La segunda puesta tuvo lugar 45 días después de la primera. Para su incubación, en ambos casos, he utilizado una mezcla homogénea de vermiculita y perlita (previamente sumergida en agua y escurrida con las manos hasta que deja de gotear) y un tupper con algunos agujeros de ventilación en sus paredes laterales.

La eclosión sucedió, en ambas temporadas de cría, trascurridos 60 – 65 días de incubación a temperaturas entre los 28 y los 30 grados centígrados. Este es el momento más esperado por muchos de nosotros, ver asomar tímidamente las cabezas de pequeñas réplicas de los ejemplares reproductores es algo fascinante. Las crías pueden tardar horas, incluso días, en abandonar por completo el huevo y cuando ello sucede las coloco (por separado) en pequeños tuppers acondicionados con una fina capa de sustrato, un bebedero estable (que no puedan volcar) y un pequeño trozo de corcho, con los mismos parámetros de temperatura, fotoperiodo y humedad que a los ejemplares adultos.

Una semana después, las serpientes suelen mudar por primera vez y a partir de ese momento inicio su alimentación ofreciéndoles una cría de ratón (de 1 o 2 gramos) semanal. Es más que probable que algunas se nieguen a comer y llegados a ese punto será necesario valorar si las asistimos para que lo hagan; un procedimiento que debe ser llevado a cabo, o supervisado, por manos expertas. Durante sus primeros meses de vidas las crías de L. polyzona (nelsoni) tienen un crecimiento lento, pero se acelerará una vez acepten presas de mayor tamaño.










